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Tu Irrigador podría llenarse de Bacterias si no haces esto

Un estudio reciente ha arrojado luz sobre un aspecto preocupante de estos dispositivos cuando no se limpian bien: la colonización bacteriana en los irrigadores dentales.

Un equipo de investigadores llevó a cabo un análisis detallado para evaluar si el uso diario de un irrigador dental, específicamente el Sonicare AirFloss de Philips, podría resultar en la acumulación de bacterias en la boquilla o en el propio dispositivo. Los resultados obtenidos tras tres semanas de uso regular han generado una discusión importante en la comunidad de especialistas en cuidado dental.

Metodología del estudio

El primer paso fue instruir a los diferentes miembros del estudio en el uso correcto del irrigador dental, referido como SAF (Sonicare Airflosser), para que pudieran usarlo correctamente.

Tras la explicación, se dividió a los participantes en dos grupos: Uno de uso intraoral que sirvió como prueba y otro extraoral, usando para la obtención de resultados.

En ambos casos, se estableció un plazo de 3 semanas en el que los usuarios debían rellenar el depósito con agua embotellada (utilizando marcas como Evian, Malmo…) una vez por semana, que les fue proporcionada por los investigadores.

¿En qué se diferenciaba cada grupo? Aquellos que estuvieran en el grupo intraoral debían utilizar el irrigador una vez al día tras el cepillado, usando también agua embotellada para enjuagar la boquilla. El segundo grupo, el extraoral, debía rellenar el depósito con el agua y usarlo ininterrumpidamente hasta vaciar el depósito.

También se tomaron muestras de saliva, chorro de agua y del agua embotellada para poder establecer una correlación entre los resultados una vez que hubiera finalizado el estudio.

¿Cuáles fueron los resultados del estudio?

Tras tres semanas se procedió a la devolución de los irrigadores dentales, informando sobre el uso diario del mismo, sin notificar ninguna molestia u observación detallada sobre su uso.

Diferencias entre las bacterias aerobias anaerobias

Antes de indicar los resultados obtenidos por el estudio, es necesario comprender la diferencia existente entre los dos tipos de bacterias estudiadas.

Las bacterias aerobias son aquellas que pueden surgir y multiplicarse en espacios con oxígeno, mientras que las anaerobias lo hacen en ambientes o recipientes sin oxígeno.

Grupo intraoral

Tras tres semanas de uso diario, los irrigadores SAF presentaron contaminación aerobias y anaerobias típica de las tuberías de agua. Así mismo, se tuvo presentes las diferencias individuales de cada participante.

Por ejemplo, en el agua de un participante no se detectó ningún patógeno oral, mientras otros dos mostraron una contaminación menor y otros dos dieron positivos en las pruebas de los ocho patógenos orales.

Aquellos en los que dieron positivo en patógenos, también lo dieron en las muestras tomadas de sus salivas.

Uso extraoral

Tras tres semanas de uso diario, todas las muestras de chorro de agua mostraron contaminación bacteriana, aerobia y anaerobia.

En comparación con las muestras de uso intraoral, la contaminación fue menor y no se observó ningún crecimiento bacteriano ni en el dispositivo ni en las botellas de agua tras estar abierta y dejarla una semana sin usar. En aquellas botellas con tres semanas el nivel de bacterias aerobias fue muy bajo.

También se procedió a realizar un PCR para detectar patógenos orales, dando negativo en la prueba.

Resultados en las boquillas

Se llevó a cabo un análisis SEM de la punta de la boquilla de uno de los participantes, detectando una biopelícula delgada en la zona exterior de la punta de la boquilla.

En otras palabras, se había formado un depósito bacteriano, compuesto por una gran variedad de patógenos que no habían penetrado al interior de la boquilla, solo se habían mantenido en la parte exterior.

Conclusión del estudio

Tras haber recabado las pruebas y comparado, se determinó que los dispositivos SAF pueden ser contaminados por bacterias, incluso en un corto periodo de tiempo.

Lo más destacable es que se encontraron bacterias orales en cuatro de cada cinco dispositivos de prueba. Esto no es ninguna sorpresa, dado que la boquilla entra en contacto con la boca, por lo que está a disposición de las bacterias que se encuentren en el interior o que hayan entrado previamente en contacto con el cepillo de dientes.

Los depósitos fueron analizados en profundidad, pero no se detectaron bacterias orales, dando resultados negativos en todos los depósitos. Por supuesto, se tuvieron en cuenta factores extraorales como los dedos, la mejilla y cualquier agente externo que pudiera entrar en contacto con el dispositivo. 

Con respecto a la película formada en la punta de la boquilla, se determinó que el proceso es similar al proceso que sucede una tubería de agua; El chorro de agua llega desde el depósito, atravesando una serie de tubos en el proceso. Si estos no están en buenas condiciones, favorece la acumulación de esa capa, obstruyendo los tubos o la punta de la boquilla.

Implicaciones para la Salud Bucal

Este descubrimiento plantea serias preguntas sobre la seguridad y la higiene de los irrigadores dentales. La presencia de bacterias en estas herramientas de limpieza puede tener implicaciones directas en la salud bucal de los usuarios, especialmente si consideramos la posibilidad de transferir patógenos orales y otras bacterias dañinas a través del chorro de agua.

Consejos para Usuarios de Irrigadores Dentales

Frente a estos hallazgos, es crucial que los usuarios de irrigadores dentales tomen medidas para garantizar la higiene de sus dispositivos. Esto incluye la limpieza regular y a fondo de la boquilla y el depósito de agua, así como seguir las recomendaciones del fabricante para el mantenimiento y la desinfección del dispositivo.